El japonés comenzó a sudar frío, sin embargo sus guardaespaldas dirigieron los cañones de sus armas a Eván.
—Ah,ah, ah.- murmuró Eván, subiendo sus piernas a la mesa tras la cuál se sentaba.- si fuera ustedes no haría eso.
En segundos otros tres hombres de la escolta explotaron en pedazos. Ante aquello, los restantes mafiosos japoneses bajaron sus armas, temerosos por sus vidas y salieron corriendo del lugar, despavoridos.
—La verdad es que me decepcionan chicos.- Susurró Eván divertido.- vin