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Capítulo 4: Cuando el mundo se enteró

Amanda creyó que podría salir sin llamar la atención.

Eligió un vestido negro sencillo, elegante, discreto, nada que gritara escándalo. Llevaba el cabello recogido y el maquillaje mínimo. Si se movía rápido, si mantenía la cabeza baja, podría deslizarse hasta el coche que la esperaba afuera del hotel y desaparecer otra vez.

Ese era el plan.

Las puertas giratorias del lobby del hotel comenzaron a moverse.

Y el mundo explotó.

Los flashes de las cámaras estallaron como disparos en el instante en que dio un paso adentro. La luz repentina la cegó, chispas blancas explotando frente a sus ojos. Las voces llegaron de inmediato: agudas, superpuestas, implacables.

—¡Amanda!

—¡Por aquí!

—¿Es cierto que te casaste con Luca Kane?

Su respiración se detuvo.

Se quedó inmóvil medio segundo de más.

Los reporteros avanzaron en tropel, micrófonos extendidos, cuerpos presionando cada vez más cerca. La seguridad intentó —y falló— formar una barrera a tiempo.

—¿Le fuiste infiel a Jason Kane?

—¿Este matrimonio es una venganza?

—¿Fingiste el compromiso todo el tiempo?

El corazón comenzó a latirle con fuerza, golpeando violentamente contra sus costillas. El lobby, que momentos antes era tranquilo y refinado, se transformó en caos. Los huéspedes se detuvieron a mirar. Los teléfonos se alzaron. Alguien gritó su nombre de nuevo, más fuerte esta vez.

Amanda abrió la boca.

No salió nada.

Sus pensamientos se enredaron, el pánico le apretó el pecho. Este no era el entorno controlado del penthouse de Luca. Este era el tribunal de la opinión pública: hambriento, implacable, despiadado.

—Yo… —su voz se quebró—. Sin comentarios.

Las palabras sonaron débiles incluso para ella.

Los reporteros insistieron con más fuerza.

—¿Luca Kane la está usando para destruir a su hermano?

—¿Está embarazada?

—¿Jason sabía esto?

Su teléfono vibró con violencia en su mano: una vez, dos veces, luego sin parar. Notificaciones acumulándose más rápido de lo que podía leerlas. Menciones. Etiquetas. Titulares formándose en tiempo real.

Amanda se sintió mareada.

Dio un paso atrás.

Y entonces lo sintió.

Una presencia.

Sólida. Firme. Segura.

Una mano cálida se posó sobre sus hombros.

El ruido no se detuvo, pero algo cambió.

Luca Kane apareció a su lado.

Vestía un traje gris oscuro impecable, su expresión tallada en autoridad tranquila. Su postura era relajada, pero sus ojos eran afilados, recorriendo a la multitud con precisión fría.

Los reporteros lo notaron de inmediato.

Un murmullo recorrió el grupo.

—¡Luca!

—¡Señor Kane! ¿Algún comentario?

—¿Es realmente su esposa?

Luca atrajo a Amanda hacia él, su brazo firme, no posesivo, no suave, sino protector.

—Mi esposa —dijo, su voz cortando el ruido con claridad— no le debe explicaciones a nadie.

El silencio no fue total, pero sí atónito.

Amanda lo sintió hasta los huesos. El peso de sus palabras. El énfasis deliberado.

Esposa.

Las cámaras se desataron.

Los obturadores sonaron sin parar. Los flashes se intensificaron. La historia acababa de evolucionar: de escándalo a guerra.

Luca no volvió a mirar a los reporteros.

La miró a ella.

—Sigue caminando —murmuró.

Ella lo hizo.

Esta vez la seguridad se movió con rapidez, abriendo paso entre la multitud mientras Luca la guiaba hacia adelante. Las preguntas continuaron, gritadas a sus espaldas, pero ya no golpeaban con la misma fuerza.

La narrativa había cambiado.

Salieron juntos del lobby y entraron al coche que los esperaba. La puerta se cerró, sellando el ruido afuera.

Solo entonces Amanda se dio cuenta de que estaba temblando.

Su teléfono vibró otra vez.

No lo miró.

Luca retiró el brazo con calma y se volvió hacia ella.

—¿Estás bien? —preguntó.

Ella asintió una vez.

—Creo que sí.

—Lo manejaste bien.

Amanda soltó un suspiro tembloroso.

—No dije nada.

—Ese era el objetivo —respondió él.

El coche se alejó de la acera, dejando atrás el frenesí… aunque Amanda sabía mejor que creer que todo había terminado.

Apenas estaba comenzando.

Más tarde esa noche, la ciudad brillaba bajo las ventanas del penthouse.

Amanda estaba acurrucada en el sofá, con el teléfono en las manos y el televisor en silencio frente a ella. Los titulares se desplazaban sin fin.

ESCÁNDALO DE COMPROMISO: AMANDA KANE SE CASA CON LUCA KANE DÍAS DESPUÉS DE COLAPSAR

¿HERMANOS EN GUERRA? DENTRO DEL DRAMA DE LA FAMILIA KANE

¿INFIDELIDAD, VENGANZA O JUGADA DE PODER?

Su nombre era tendencia mundial.

Nunca se había sentido tan expuesta.

Su teléfono vibró de nuevo.

Esta vez, lo abrió.

Jason Kane había publicado algo.

La foto cargó lentamente.

Era antigua. Íntima. El brazo de Jason alrededor de su cintura, su cabeza apoyada en su hombro, sonriendo a un momento que ya no reconocía.

El texto debajo estaba inundado de reacciones.

Siempre fue mía. Solo olvidó cuál es su lugar.

Amanda observó la pantalla.

Algo dentro de ella se quedó completamente quieto.

No hubo lágrimas.

Ni sorpresa.

Solo claridad.

Él no la había soltado. Nunca había tenido intención de hacerlo. En su mente, ella seguía siendo una posesión: algo que podía desviarse, pero nunca escapar del todo.

Sus dedos se apretaron alrededor del teléfono.

Detrás de ella, se oyeron pasos.

Luca se detuvo a unos pasos, leyendo la expresión de su rostro antes de que ella hablara.

—Publicó algo —dijo Amanda en voz baja.

Le mostró la pantalla.

Luca la miró una sola vez.

Su mandíbula se tensó casi imperceptiblemente.

—Eso lo confirma —dijo.

—¿Confirma qué? —preguntó ella.

—Que Jason no se va a detener.

Amanda bajó el teléfono.

—Quiere humillarme. Romperme en público.

—Sí —asintió Luca—. Y provocarme.

Ella lo miró.

—¿Lo permitirás?

Luca sostuvo su mirada con firmeza.

—No.

Amanda lo estudió un largo momento.

—Esto ya no es solo entre tú y tu hermano —dijo—. Es mi vida.

—Lo sé —respondió Luca—. Por eso te lo estoy preguntando, no ordenando.

Hizo una pausa.

—¿Estás lista para esto?

Amanda se recostó contra el sofá, mirando la ciudad más allá del cristal. Días atrás, estaba planeando una luna de miel. Eligiendo flores. Imaginando un futuro tranquilo y predecible.

Esa versión de ella parecía ahora imposiblemente lejana.

Jason había iniciado esta guerra.

Luca la había intensificado.

¿Pero Amanda?

Ella la terminaría.

—No me voy a esconder —dijo al fin—. No voy a disculparme. Y no permitiré que él reescriba lo que pasó.

Luca asintió una vez.

—Bien.

Ella lo miró.

—¿Cuál es el siguiente movimiento?

Una sonrisa lenta y peligrosa curvó sus labios.

—Visibilidad —dijo—. Si Jason quiere un espectáculo, se lo daremos… en nuestros términos.

El pulso de Amanda se aceleró. No por miedo, sino por determinación.

Miró el post de Jason una última vez.

Siempre fue mía.

—No —susurró.

Bloqueó el teléfono.

La guerra había comenzado oficialmente.

Y esta vez, Amanda Kane estaba lista para luchar.

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