El ataque no llegó con disparos.
Llegó con silencio.
Amanda despertó por eso.
No por un sonido—sino por la ausencia de uno.
El ático estaba demasiado quieto.
No se oía el zumbido distante del sistema de climatización automatizado.
Ni la vibración suave del servidor seguro de Luca en el estudio.
Ni el tenue resplandor de los paneles del pasillo.
La oscuridad se tragaba la habitación.
Amanda abrió los ojos lentamente.
Corte de energía.
Sus instintos se afilaron al instante.
A su lado, Luca ya est