El dolor llegó primero.Un golpeteo sordo e implacable detrás de los ojos de Amanda, como si alguien estuviera tocando un tambor dentro de su cráneo. Cada latido enviaba un pulso agudo a sus sienes, obligándola a soltar un gemido antes de poder detenerlo.Intentó moverse, y lo lamentó al instante.El mundo dio un vuelco. Su estómago se retorció. La luz le atravesó los párpados, demasiado brillante, demasiado repentina. Cerró los ojos con fuerza nuevamente, respirando despacio, intentando anclarse.—¿Dónde estoy?El olor llegó después: suave, desconocido, y a lino limpio. Algo floral. Rosas.Amanda parpadeó, abriendo los ojos.Sábanas blancas se extendían bajo ella, suaves e imposiblemente impecables. La luz del sol se filtraba a través de cortinas transparentes, proyectando patrones dorados pálidos sobre la cama. Por un instante, pensó que estaba soñando. Que la fiesta de compromiso, el video, la voz de Jason desgarrándola, todo había sido una cruel pesadilla.Luego notó los pétalos d
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