Amanda no durmió nada.
El mensaje de Jason ardía detrás de sus párpados cada vez que cerraba los ojos. No eran las palabras lo que la aterraba, sino la certeza que había detrás de ellas. Jason nunca fanfarroneaba. Calculaba. Esperaba. Y luego atacaba donde más dolía.
Se sentó al borde de la cama mientras el amanecer se filtraba en la habitación, la ciudad despertando bajo las ventanas del ático. El mundo seguía adelante como si nada hubiera cambiado.
Pero todo había cambiado.
Un golpe suave son