Capítulo sesenta y uno. Ganando terreno McKenzie
Jake
El cansancio me tiene el cuerpo molido, pero es un cansancio diferente al que sentía después de pasar doce horas encerrado en una oficina de Manhattan. Mis manos ya muestran los callos del trabajo duro de toda una semana completa, mis costillas duelen mucho menos y, al sentarme a la mesa para la cena, noto de inmediato el cambio en el ambiente. Ya no me miran como al intruso que vino a lastimar a Donna y a Derrik, ese que tienen que vigilar con desconfianza; ahora me ven como a un miembro