Capítulo sesenta. Un maestro de cinco años
Donna
La tarde cae y mis manos arden por el calor de los fogones, no hago esto todo el tiempo ya que mi vida se encuentra en Manhattan, pero en estos momentos la idea de quedarme permanentemente aquí en Utah, me seduce fuertemente. Después de terminar de ayudar a la abuela Maeve con las labores de la casa, me limpio las manos con un paño y salgo a buscar al pequeño Derrik. Camino despacio por el sendero, disfrutando del viento fresco que me mece el cabello, esta es una de las razones por las cu