Capítulo tres. Impresiones

Jake

Donna gira la cara tan rápido que escucho como suenan sus cervicales. Sus ojos se abren de manera graciosa y es cuando me doy cuenta de lo que he dicho. No sé si retractarme o lanzarme por la ventana para ser consumido por el asqueroso bosque a nuestro alrededor. El hombre me observa con un dejo de aversión, pero no lo mantiene. Contrario a ello sonríe como si supiera algo que yo ignoro y eso definitivamente… me agrada menos.

—¡Oh, claro! Mil disculpas —Donna me mira con la nariz arrugada y ahora es a otro a quien quiero lanzar por la maldita ventana —. Donna me ha contado de su “convenio”, me pareció un poco apresurado, pero creo que puede funcionar porque considerando los daños. Yo definitivamente soy la mejor opción.

¿En serio el sujeto no se calla?

—Jeremy, ¿te importaría dejarme unos minutos con mi esposo? —me mira con molestia y yo bueno, quiero soltar una carcajada —¿Qué coño crees que haces? —alzo las cejas ante la insolencia —. Ese hombre es el mejor ingeniero del país y no me agradaría para nada que lo arruines con él porque no tienes idea de lo que me costó encontrarlo…

—¡Vaya, Sra. Connely! Ya habla como una verdadera esposa, solo espero que nuestro “Jeremy” lo tenga claro —me acerco a ella lo suficiente como para que sienta mi perfume caro y su mirada cae directamente en mi boca —. Espero recuerdes que no podemos compartirnos con nadie —sonrío. Me relamo los labios haciendo que su boca se abra asegurándome que se encuentra bastante distraída —. Pero dile que no se te acerque y que, no te toque porque voy a romperle ambas manos… cariño —me retiro bruscamente y tambalea casi cayendo de bruces.

No me interesa él sujeto, ni ella tampoco. O, quizás si ella un poco. Se vería bastante decorativa en mi cama desnuda, pero no dejaría de ser un adorno. Veo que se ha puesto nerviosa al volver en si del trance en el que la he puesto.

—Se lo diré —se toquetea el pelo y recuerdo que lo hacía cuando tenía ansiedad en el momento que éramos… amigos —. Ahora ¿podríamos comenzar a trabajar? —asiento —. Gracias.

Me hace entrega de un manual que lleva por título: Procedimientos de Mantenimiento. Debe tener más de quinientas hojas. No me gusta la ruta que lleva esto. No estoy en la escuela para estar leyendo procedimientos.

—¿Qué es esto? —pregunto aun cuando se lo que es por supuesto.

—Es el manual que debes memorizar —dice en tono de burla —. Si es que puedes por supuesto…

—Puedo, soy bueno para recordar…

—Si bueno, solo lo que te conviene… supongo.

No entendí, pero creo que se refiere al pasado. Arrugo la frente, eso es trampa. Sin embargo, trato de quedarme calladito porque le daré unas cuantas sorpresas ahora que se, tiene esas “cualidades” escondidas, creo que me veo bien casado y dentro de un matrimonio feliz.

                                                            ✦ ─── 💎 ───

Donna

Pero ¿qué me pasa? Jake es un idiota arrogante y seductor, solo eso. Un hombre que le teme tanto al compromiso que, tuvo el descaro de afirmar que no recordaba lo que había pasado en aquel momento cuando…

No quisiera recordarlo, pero mi bebé hace que lo viva en todo momento con su sonrisa y esos preciosos ojos de zafiro que son los de su padre.

Del idiota.

Al verlo entrar las piernas me tiemblan, pero gracias al cielo pude recomponerme. Es demasiado atractivo para mi pulso y descaradamente encantador para no quitarle la vista de esos labios que en algún momento me hicieron…

< ¡Basta Donna McKenzie, basta! >, es mi conciencia la que me reta ya que mis pensamientos han decidido irse de vacaciones.

Vay que estoy en aprietos, no lo recordaba tan… sofocante.

< Ese hombre te ignoró como si fueras una plaga para luego decirte que no recordaba lo que había ocurrido entre nosotros. Pero si ocurrió y Derrik McKenzie es la prueba absoluta de eso >, me recuerda y resoplo enfadada conmigo por lo tonta que soy.

—Esto es una pocilga —ruedo los ojos regresando a la realidad. Mi pobre realidad —. No entiendo como pude siquiera pensar en quererla, no sirve para nada.

—Tal vez donde tu no ves nada porque estas completamente ciego, otros si divisamos una gran empresa con altos dividendos y un futuro resplandeciente —miro de reojo y capto su expresión de bobalicón, levanto una ceja —¿qué? —niega —entonces deja de mirarme así.

—Así ¿cómo? —se cruza de brazos desafiándome.

—Como un tonto —no espero la respuesta porque no me importa, camino deprisa para dejarlo atrás y que mi respiración se ralentice ¡que se joda! porque no voy a tener más conversaciones con él de las indispensables.

—Yo no te miré de ese modo —siento sus pasos rápidos detrás de mí y el vello se me eriza —¿crees que no me percaté de que me mirabas los labios, querida esposa? —señala con engreimiento.

Me detengo porque al llegar a una puerta de doble hoja, reparo en que la maquinaria de ejecución se encuentra dentro de ese lugar. Él pasa de largo abriendo las puertas y de pronto caen los sacos que estaban sosteniendo supongo que la puerta y una nube de polvo lo cubre. Trato de mantenerme seria, pero no logro hacerlo porque al salir parece un fantasma de aserrín. Levanto mis anteojos para pellizcarme el puente de la nariz y no soltarme a reír a carcajadas por lo descuidado y ridículo que es.

—Ese es…

—¡Sí, lo sé, el maldito cuarto de máquinas! —aprieto los labios para evitar reírme, pero Jake parece que imagina otra cosa —. Tu planeaste esta m****a —doy un paso atrás, confundida.

—¿Enloqueciste? No tengo idea de lo que estás hablando Jake. No seas ridículo —doy otro paso atrás porque pretende tocarme con su cuerpo empolvado de aserrín.

—No Donna, tú lo hiciste porque querías vengarte de mí —abro la boca y niego con la cabeza —¡no mientas, arpía! —me señala a la cara —. Te conozco y reconozco tu mano en todo este maldito embrollo, me quieres como tu pareja para saldar una supuesta deuda que tengo contigo por no recordar…

—¡Cállate la maldita boca! Tu no sabes absolutamente nada de mí y las conjeturas puedes ahorrártelas porque no quiero nada tuyo ni ahora ni nunca.

—Quieres mi herencia, dejarme en la calle —vocifera y me rio a carcajadas echándome el cabello perfectamente peinado hacia atrás —. Tu y mi padre se compusieron para esto: ¿cuentas en cero? ¿hijos? ¡Por el amor de Dios, admítelo! Es una maldita apuesta y estás segura de ganarla porque no recuerdo que sucedió entre nosotros… —una ola de dolor me azota.

—Tienes razón. Estoy furiosa porque no lo recuerdas, pero jamás entregaría mi vida a un hombre que no valora los sentimientos ni las emociones ¡eres un patán!

—Pero tengo citas y las mujeres me llueven Donna McKenzie. Pero si quisiera entregarme a alguien y tener hijo ¡no sería a ti! —mis ojos se cristalizan y una oleada de furia me recorre.

—Yo tampoco quiero hijos contigo. Ya tengo uno…   

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP