Capítulo uno. Primer Round

Jake

Jamás pensé que me pudiera hacer esto, mi propio padre conspirando en mi contra para que me case con ella ¡Y con ella! Esto definitivamente es un atropello. Debo soltar un poco la corbata porque el aire no pasa hasta mis pulmones. Negarme no vale de nada ya que mi propio padre está en mi contra y esa pequeña arpía disfrazada de niña buena de seguro está de acuerdo con él solo para joderme la vida. La sudoración en mis manos es ese signo de ansiedad que no deseo sentir y menos que lo perciban.

Un aroma conocido llena mis fosas nasales. Me intoxica en cada reunión y sobre todo los días en los que el trabajo de Campo es inminente. Giro y la veo arribar con su vestido ajustado y su porte perfecto, el repiquetear de los tacones en el suelo me produce jaqueca, pero lo que más me molesta es su rostro pétreo al verme.

Se detiene frente a mí con su falsa mascara de superioridad bien ensayada. Bloqueo cualquier recuerdo de Harvard para evitar la explosión que desea desencadenar y sonrío como para que moje esas aburridas bragas que se, lleva puestas.

—Donna McKenzie —me observa con aburrimiento.

—¿Jake? —extiende la mano hacia la puerta de la oficina de mi padre.

—Quiero que sepas una cosa —señalo hacia su rostro lleno de pecas. Ella levanta una ceja —. No estoy dispuesto a tolerar que me trates como si fuese un inservible. Se perfectamente que estas, aliada con mi padre para quitarme esta empresa y no lo lograrás —se cruza de brazos.

—Y ¿podrías adelantarme como lo impedirás? Porque tus notas dan pena y tu único conocimiento de gerencia es —sonríe solo con los labios —. En relaciones corporales y sexuales. Créeme, no tienes ni idea de dirigir una empresa y menos si está en quiebra, Jake. Retírate ahora y evita la humillación —la miro con asombro.

—¡Ah, claro! Yo me retiro y tú te quedas con la empresa a la que yo licité ¡qué lista eres! —espeto enfadado con muchas ganas de gritarle a la cara unas cuantas cosas —. Y soy administrador contable para tu información —se carcajea y entrecierro los ojos hacia ella.

—Y ¿qué cuentas, los polvos? —pone los ojos en blanco.

Estoy listo para continuar con la pelea cuando una voz nos detiene, a ambos:

—¡Me alegra que se estén entendiendo! —cierro los ojos, tomo una fuerte respiración para evitar responder con una chocancia y que Mark Connely no congele mis cuentas bancarias —. Pasemos a mi oficina para afinar los detalles del acuerdo y leamos el convenio.

—Como si tuviésemos derecho a opinar al respecto, papá. Que hipócrita eres al meterme en este lío con la ayuda de… —no puedo evitar mirarla con desprecio, aunque al parecer está haciendo ejercicios.

¿Qué?

¡Que idiota soy!

—No solo tu estas metido en este lío Jake. Yo también lo estoy y me lo creas o no… —mira mi padre con temor. No se que está pasando, pero creo que lo averiguaré antes de lo que ella cree —, también estoy presionada.

—Bueno, bueno, bueno. Pasemos a lo que en realidad me interesa a mi —dice mi padre entregando a cada uno el folder donde se encuentra la trampa —. Quiero que lean y firmen sin discusión —resoplo enfadado. Veo que coloca una pequeña caja frente a nosotros.

La abre y se hallan tres sortijas de oro. Una de ellas tiene un zafiro y las otras dos son lisas con pequeños diamantes alrededor.

 —Esto tiene que ser una broma papá —niego con los puños cerrados —. Esto es solo un convenio ¿podríamos ahorrarnos el protocolo? —niega.

—Esto es un acuerdo matrimonial y es mejor que uses el maldito anillo porque el primero que rompa el protocolo, se queda sin nada. Estoy cansado de que me contradigas y siempre hagas lo que te plazca ¡ahora harás mi voluntad! —abro la boca ante la amenaza —. Los dejo solos para que lean, firmen y se den el beso.

Sale furioso de la oficina. No puedo estar sentado y me pongo de pie para pensar en algo que pueda hacer para anular esta estupidez. Miro a Donna y mientras más lee sus ojos se abren desmesuradamente.

¡Maldita sea!

Mi padre es el mismísimo demonio.

✦ ─── 💎 ─── ✦

Donna

Mi mente viaja a mil por hora: Clausula 2,1: “compartir residencia en la pequeña mansión al lado de la Mansion Connely”, “presentación en la sociedad como un matrimonio feliz incluyendo galas y juegos de golf”, clausula 3.5: “trabajar juntos como equipo”, clausula 4.3: lo miro y no puedo evitar que mis ojos se cristalicen.

—Nada de salidas nocturnas sin mí, nada de clubes de golf con modelos, Jake. Si sales en la prensa rosa, el contrato se anula y yo me quedo con tu herencia.

Me mira con odio. No es que yo lo quiera ni un poco. Es que esto no debería estar pasando, no puedo encerrarme en un matrimonio que no deseo porque… porque no.

—¿A que te refieres? —pongo los ojos en blanco —¿por qué tienes la nariz roja? —grito de frustración.

—¿Podrías leer el maldito acuerdo? Esto es una encerrona —lo toma del escritorio. Necesito caminar y me levanto de un salto casi tirándolo al suelo.

Camino de un lado a otro leyendo y cada vez se pone peor. No solo debemos sacar a flote la pequeña empresa, sino que con base en eso se hallan conectadas nuestras cuentas bancarias.

—¿Qué significa disfrutar de nuestra vida, juntos? ¿activos? —cierro los ojos ante lo vacío que es.

—Nuestros activos financieros están bajo una administración mancomunada. Si tú gastas en un club, el sistema me lo reporta a mí como una falla de auditoría, ya deberías saberlo como contable —vuelve la mirada al folder y esta vez sus ojos se oscurecen. Suspiro entrecortadamente —. Significa que esto es una maldita encerrona, Mark ha hecho esto más que personal…

—¿Quiere hijos? —ahora me mira con horror —. Mi padre se ha pasado de la raya. No pienso firmar nada —agita el folder justo en mi cara y lo miro con toda la seriedad que puedo pese a las ganas de llorar que tengo.

—Termina de leer, la mención de los hijos es cuando se cumplan los doce meses y puede ser que no lleguemos ni siquiera a comprendernos —lo miro de arriba abajo —. Sexualmente.

—¿Cómo estas tan segura de eso?

—¿Qué m****a has dicho? —espeto con los brazos en jarra y se me sale una risa —¿Es en serio, Jake? —me burlo —¿solo eso escuchaste? Pues te lo voy a aclarar mucho mejor ¡no me pienso revolcar contigo, jamás! —acorta la distancia entre nosotros y me obliga a dar un paso atrás.

Me mira con altivez y levanta una ceja. Todo mi cuerpo vibra de una manera extraña, pero me recompongo. No pretendo caer en sus encantos de cavernícola.

—No hagas que sea un reto para mí, Donna. Nunca he tenido interés en seducirte, pero no sabes todo lo que puedo conseguir de ti si me lo propongo —me siento ofendida, pero no se lo demuestro.

—Pues por ahora lo que se necesita es que uses tus encantos para sumar y no restar, Jake. Lo otro puedes ahorrártelo porque nunca, y escúchame bien ¡nunca! Caeré en tus encantos de imbécil troglodita hormonado.

Tomo el folder y firmo las páginas correspondientes. Cojo la cajita entre mis manos y saco el anillo que tiene mayor tamaño para acto seguido lanzarlo a la mesa. Me ajusto los míos y le arrojo encima la caja para salir casi corriendo de esa maldita oficina donde he dejado mi orgullo. Que no se crea el idiota va a ganarme esta partida porque estoy dispuesta a desangrarlo, pero al llegar a la puerta siento su calor corporal detrás. Me detiene antes de abrir la puerta:

—No escuché que dijeras: si acepto —entrecierro los ojos hacia él tratando de soltarme del agarre.

—Porque no lo hice, idiota.

—Entonces papi va a estar decepcionado —no entendí hasta que me recostó a la puerta para estrellar su boca contra la mía.

No le devuelvo el beso, aunque las rodillas se me doblaron. Si así lo quiere está bien. Pero estoy segura de que será él quien romperá el convenio. Él se acostará con otra y yo me quedaré con su herencia… 

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