—¡Hermana, hoy mamá está asustada por este dios de la puerta!—Leo sonrió alegremente—. Este plumero de gallina que usó durante más de diez años, de repente, ¡llegó al fin de su vida!
Berta se quedó de piedra:— ¿Qué, Santiago se va a pelear con mamá?
—No—le describió Leo—. Mamá estaba tan enfadada por el desorden de la cocina que tomó el plumero y se limitó a asustarlo, pero cuanto más hablaba, más se excitaba, y sin querer le pegó...
—Como resultado, el plumero se partió en dos.
Los ojos de Bert