En esa temporada hacía calor, era bastante cómodo dormir al aire libre, pero había muchos mosquitos.
Berta se acercó en silencio.
Esta cama plegable le quedaba corta y las largas piernas de Santiago seguían medio expuestas.
Y no era suficientemente ancha.
Era como un adulto durmiendo en la cama de un niño.
Berta, un poco divertida, se volvió, y Leo la seguía esperando en el salón.
—¿Por qué no te vas a la cama?— preguntó ella.
Leo señaló a Santiago y susurró: —¿No dices que duerma en la habitaci