Cinco años después...
Santiago ya era un escolar, sin la grasa de bebé que tenía de pequeño, un poco más alto que sus compañeros y con las células motoras más desarrolladas que la media de los niños.
Y no sólo se desarrollaban las extremidades, también la mente.
A su corta edad, Santiago ya había demostrado un asombroso talento para la lógica y la memoria, y había llegado a ser reconocido como el matón del colegio por seguir estrictamente el plan de estudios establecido por su tía maestra.
Es el