Sin embargo, no pudo irse porque Luna se puso delante de él. ¡Le echó en las manos todo el trajecito a medio terminar!
—¡Tú, borda antes de irte!
—¿Ah?
Al ver la expresión de Daniel, parecida a la de un emoji, Soledad no pudo evitar doblarse de risa.
Luna puso la pequeña mano de Soledad en el pliegue de su brazo y levantó la cabeza con orgullo antes de conducir a Soledad al vestíbulo lateral.
—¡Deja que los malos acaben de bordar! ¡Todo!
—¡Él borda, así que no puede prescindir de sus manos para