Lucía no pudo evitar reírse ante su expresión.
Alargó la mano y, rodeándole suavemente el cuello, le besó la comisura de los labios.
Polo captó en sus irónicos ojos la insinuación de que la mujercita se estaba burlando claramente de él.
¿Siete hijos? Gracias a ella por pensar en ello.
¡No la dejaría tener tantos aunque ella quisiera!
Siete chaquetas de cuero agujereadas colgadas del cuerpo, ¡ni siquiera se atrevía a imaginar! ¡No quería ser el jefe de la Asociación de Mendigos!
Polo pensaba, eng