Daniel se dio la vuelta y se sobresaltó al ver a Luna, ¡que le miraba fijamente con los brazos cruzados!
Al principio, Daniel estaba lleno de ira tras haber sido aplastado inocentemente, y buscaba a alguien con quien descargar su rabia. Sin embargo, en cuanto vio el aire de Luna, se le puso la carne de gallina al instante...
—¡Suéltala! —gritó obstinadamente Luna—. ¡Suéltala, suéltala!
Daniel estaba molesto, como de costumbre le habría dado un ataque.
Pero hoy era extraño, la delgada y pálida Lu