Los médicos aconsejaron a Polo que retrocediera un poco, se asegurarían de que la madre y el bebé de Lucía estuvieran a salvo.
Polo caminaba de un lado a otro en la sala de partos.
Lucía intentó morderse el labio para que no se preocupara y empujó tan fuerte como le indicó el médico.
Tal vez por las inyecciones indoloras, o tal vez por haberse adaptado al dolor y al ritmo, Lucía sintió como si no le doliera tanto.
—Muy bien, Sra. Juárez... —La comadrona ayudaba—. ¡Ahora respire hondo y puja!
—¡V