¡Se puso su hermana tan nerviosa cuando se ahogaó con el agua!
Emilio se rió y se escabulló con la excusa de que tenía que ajustar su desfase horario para dormir.
Polo miró a Lucía y le entraron ganas de reírse un poco.
—No me había dado cuenta de que mi suegro seguía siendo tan despiadado...
—Sí—Dijo Lucía mientras le daba una palmada en la espalda—. ¡Ahora mi hermano ya tiene una aguja de plata!
De repente, a Polo se le ocurrió algo: Emilio también sabía de medicina, así que podría ser útil.
—