—Vale... ¡No lo pareces! —Replicó Soledad, directa y seria—. ¡Unlce, los collares son cosas bonitas, bonitas!
—¿Qué, estás diciendo que no soy bonito? —Daniel estaba muy poco convencido, aunque era un poco inapropiado calificarle de 'bonito', pero sí que era un hombre bello reconocido en el círculo, y por algo se había ganado el título de primer amor nacional.
—¡No, no, no! —se apresuró a decir Soledad.
—¿Y qué quieres decir? Creía que habías dicho que los collares eran cosas bonitas.
—Eres boni