Brenda se quedó helada, dejando caer el cuchillo y el tenedor que tenía en la mano sobre el plato.
¿Estaría ansiosa?
No había pensado en esto.
Lo único que sabía era que esos días era como una hormiga en una sartén caliente, no podía comer ni dormir, no se había cambiado de ropa y nunca había derramado tantas lágrimas en su vida.
La única que apretaba con fuerza en la mano era la bolsa de la suerte.
Era de Juan, y parecía que aún tenía su calor corporal.
Cuando se la dio, le dijo que esperaba qu