Juan tuvo un poco de curiosidad por saber de dónde sacaba estos ingresos.
Soledad le miró, muy alerta, y guardó la cajita en silencio.
—No te preocupes, no tocaré tu dinero—Juan podía ver lo que ella estaba pensando—¿Pero puedes hacerme un favor y contactar con mis amigos por mí? Prometo darte una gran suma de dinero...
—¡No es posible!—le interrumpió Soledad.
—¡Soledad, por favor!
—¡Ni pensarlo! ¡Nunca voy a llamar a la policía!
Una expresión de enfado apareció en su pequeño y apuesto rostro,