Lucía pensó que era la hora de siesta, y que no debería estar ocupado, pero no sabía que una tormenta aterradora acababa de terminar en la sala de conferencias al otro lado del teléfono.
Sin embargo, tan pronto como escuchó esta voz suave y dulce, el corazón de Polo se derritió y su gran temperamento también desapareció.
Él sonrió levemente, y las comisuras de sus ojos estaban adoradas.
Sin oír ningún movimiento, Lucía esperó un momento y preguntó suavemente: —Tú ... ¿Estás ocupado? ¿Te molesté?