Lucía estaba atónita.
No conocía a nadie en Ciudad Central. ¿A qué venía esta invitación?
—¿Srta. Lucía?—Liza repitió la pregunta—, ¿Cuándo te viene bien venir a recogerla?
—Mañana entonces...
Antes de que Lucía pudiera terminar, oyó un sí apresurado de Liza al otro lado, seguido de la voz arrogante de Joana.
—¿Cuántas veces te he llamado? ¿Estás sorda? ¡Si no puedes seguir trabajando aquí, vuelve a casa!
Liza colgó el teléfono con pánico y Lucía escuchó el sonido de la llamada colgada, sacudien