Lucía se quedó helada.
Este hombre parecía sentir muchas emociones últimamente, y todas eran de felicidad.
Lucía se rio y le tapó suavemente la boca con su manita.
—Basta con saber que eres feliz —Ella continuó—. ¡Nunca lo digas, no funcionará si lo haces!
—Cariño, cuando vuelva esta vez, quiero hablarte de algo.
Lucía no pudo evitar preguntarle, al ver su semblante serio: —¿Qué es?
—Bueno... Es una larga historia —Dijo en voz baja—. En el año que llevamos casados, todavía no sabes nada de mi fa