Era un coche pequeño muy corriente, de pequeña cilindrada, bajo consumo de combustible, no demasiado espacioso y que no costaba más de diez mil dólares.
Ni siquiera las criadas de la falimia Juárez conducen esos coches.
Pero a Polo le encantó.
Porque Lucía tenía una luz en los ojos en cuanto vio el coche, y a él le gustaba la luz de sus ojos.
—Cariño, ¿qué piensas? —Lucía lo abrazó íntimamente.
Polo sonrió: —Mientras te guste.
—Me gusta bastante, pero es para ti, ¡así que claro que te tiene que