—Más los ahorros de antes, y las ganancias de la gestión del patrimonio... —Los ojos de la mujercita brillaban de emoción—. ¡Cariño, adivina cuánto dinero tenemos!
Polo soltó una ligera risita y sacudió la cabeza.
Lucía susurró un número y lo siguió con alegría.
—¡Cariño, por fin puedo comprarte un coche!
—¿Qué? —Polo detuvo sus palillos y la miró con cierta sorpresa.
—¡Cómprate un coche! —Lucía repitió—. ¿No te dije hace mucho tiempo que te compraría un coche de movilidad! Pero entonces no tení