"No te preocupes, estoy aquí."
Jorge le indicó a ella que entrara primero a la casa y cerrara la puerta.
Lucía obedeció obedientemente, pero Jorge no la siguió adentro. Desde dentro de la casa, ella escuchó algunos golpes sordos seguidos de los gritos lastimeros de esos hombres.
Miró por la ventana y vio a esos matones golpeados por Jorge, tambaleándose y con los rostros hinchados. Todos ellos estaban de rodillas en el suelo, suplicando clemencia.
Había manchas de sangre en el suelo fangoso del