Lucía la siguió en silencio y rodeó el edificio principal del hotel hasta la entrada del aparcamiento subterráneo.
La zona era tan oscura y tranquila que pasaba muy poca gente. Incluso si alguien quisiera ir al aparcamiento subterráneo, solo utilizaría los ascensores internos del hotel y no iría tan lejos para hacer ese recorrido.
Lucía aminoró el paso y se preguntó.
—¿Qué estás haciendo?— Joana instó desde el frente, —¡Date prisa! Mi coche está aparcado ahí abajo.
—¿Puedes encontrarlo si bajas