Era solo un banquete...
Lucía respiró hondo y esbozó una sonrisa renuente, con la intención de encontrar una excusa para irse después de quedarse un rato.
Justo cuando subió los escalones de piedra del hotel, antes de entrar por la puerta del salón de banquetes, una figura apareció de repente frente a ella.
—Oye, ¿realmente vienes?
Joana envolvió sus manos y la miró con orgullo. Tenía una sonrisa desdeñosa y burlona.
Lucía estaba atónita. Joana se vistió muy bien esta noche, con un gran vestido