Luego de cuatro meses de tener el departamento lleno de vida y risas, tuvo que decirle adiós a su nana, a José y a Laura, quienes se habían convertido en hermanos del alma desde que los conoció en México. Su familia. Su verdadera familia, esa que no era de sangre pero que la amaba incondicionalmente.
Aun ahora, días después, sentía el corazón apretado cada vez que recordaba la despedida en el aeropuerto: su nana llorando contra su hombro, con Laura prometiendo volver en Navidad y José cargando