Tal como lo prometió, ese mismo día Eros la sacó de la mansión.
La instaló en un departamento amplio, cómodo, completamente amueblado… con una sola condición: no podía salir sola.
¿Se lo esperaba?
Desde luego que sí. No todo podía ser perfecto.
Así que ahora tenía que estar siempre acompañada por alguien.
Y ese alguien era nada menos que un gorila que había contratado para que fuera su guardaespaldas. Un tipo enorme que parecía medir más de dos metros.
Su cara era de pocos amigos, y se pla