Rubí le hizo caso a Eros.
Olvidó el tema de los Visconti, aunque su corazón pesaba con una especie de remordimiento.
No por Mauricio, no por Mariana, ni siquiera por su propia madre.
Sentía pesar por su abuelo, Antonio Visconti.
Así que esa mañana decidió visitar la tumba donde descansaba el viejo hombre. Había tenido una vida larga y feliz. Rodeado de las personas que lo admiraban.
Rubí no pudo evitar recordar cómo era el hombre en su niñez: atento, amable. Revolviendo siempre sus cabellos y