El video seguía congelado en la pantalla, pero mi mente no. La imagen de la figura atada, con la cabeza inclinada hacia un lado y el cuerpo temblando, era suficientemente nítida para atravesarme la piel. Ethan no hablaba todavía; disfrutaba del silencio como si fuera parte de la tortura. Sabía cómo construir tensión. Sabía cómo convertirla en un arma.
Yo no respiraba.
Dante sí. Pero su respiración era un filo contenido, una amenaza comprimida. Verona, detrás de nosotros, no parpadeaba. La luz d