Habíamos pasado demasiado tiempo creyendo que la calma era simplemente la ausencia de conflicto, como si el silencio fuera apenas un intervalo entre tensiones, una pausa antes del próximo choque inevitable. Durante años interpreté cada momento de estabilidad como algo frágil, provisional, una superficie demasiado lisa que en cualquier instante podía agrietarse. Pero esa tarde, mientras observaba el campus desde la ventana abierta de mi despacho, empecé a entender que lo que estaba ocurriendo er