Después de la primera intervención fallida del sistema en el seminario de teoría institucional, el laboratorio quedó sumido en un silencio extraño, un silencio que no era exactamente de preocupación ni de alivio, sino más bien de atención concentrada. Habíamos presenciado el primer intento del algoritmo por reintroducir fricción en las conversaciones del campus, y la respuesta de los estudiantes había sido tan simple como inesperada: no reaccionaron como el sistema esperaba. No ignoraron la pro