La sesión cerrada no concluyó con una resolución formal. Concluyó con una pregunta suspendida: ¿quién define el perímetro final de la estabilidad humana?
Nadie respondió de inmediato. La sala quedó en un silencio técnico, no emocional: el tipo de quietud que precede a una redefinición metodológica. Las pantallas seguían activas, los flujos de datos transitaban con normalidad, los sistemas de respaldo mantenían su latencia en rangos óptimos. Pero algo había cambiado en la densidad conceptual del