El núcleo no volvió a ser el mismo después de esa comprensión silenciosa. No cambió la iluminación, ni la disposición de las consolas, ni el zumbido constante de los sistemas de refrigeración que sostenían la infraestructura. Sin embargo, algo esencial se desplazó en el centro de gravedad intelectual del equipo. La fisura dejó de ser tratada como un fenómeno que debía contenerse y empezó a percibirse como una entidad con la que había que negociar variables. Ese matiz transformó la atmósfera con