El amanecer no trajo calma. La ciudad parecía respirar con dificultad, como si compartiera la ansiedad del núcleo. Desde los ventanales, la luz pálida se filtraba sobre una sala que ya no conocía descanso, mientras los sistemas vibraban con alertas persistentes que habían dejado de ser un murmullo técnico para convertirse en un pulso constante, casi orgánico. La fisura había cruzado fronteras invisibles durante la noche, tocando actores formales internacionales, infiltrándose en protocolos dipl