El reloj marcaba casi las ocho de la mañana cuando los primeros indicios llegaron como un murmullo tenue, casi imperceptible, resonando en los sistemas con una cadencia irregular que llamaba la atención solo de quienes sabían qué buscar. No era un error técnico, ni un fallo de replicación, ni siquiera un retraso casual en los procesos: era la fisura tocando territorios que nunca habían estado bajo su influencia directa, expandiéndose más allá de los límites que hasta ese momento habían consider