Las consecuencias no llegaron de golpe. El sistema nunca actúa así cuando quiere conservar legitimidad; sabe que la violencia súbita deja rastros demasiado visibles, grietas imposibles de justificar. Prefiere el desgaste progresivo, la erosión lenta que permite negar el daño mientras este avanza. Llegaron como llegan las grietas reales: primero en el sonido, un crujido casi imperceptible que parecía provenir de lugares indeterminados, como si algo se hubiera movido bajo la superficie de lo habi