La señal no llegó como un ataque. Llegó como una invitación. Y eso fue lo primero que me inquietó. Ethan nunca irrumpe cuando sabe que puede esperar; observa, calcula, afina el momento exacto en el que la herida ya existe y solo necesita ser abierta. El mensaje apareció sin aviso, sin intermediarios, limpio, elegante, casi respetuoso. Una frecuencia privada. Mi nombre completo. Mi código original. Como si aún tuviera derecho a pronunciarme.
No dije nada. Dante estaba a mi lado, demasiado cerca,