ZOE
No lo hice por estrategia. Esa fue la mentira que me repetí al principio, la versión aceptable de la historia. La verdad es que lo hice porque necesitaba comprobar algo en mí misma, medir hasta dónde llegaba esa nueva quietud que había reemplazado al miedo. El laboratorio de Ethan no era solo una base; era una extensión de su pensamiento, un lugar donde todo estaba diseñado para observar sin ser observado, para corregir desviaciones antes de que se convirtieran en decisiones. Destruirlo no iba a detenerlo, lo sabía, pero iba a obligarlo a mirarme de frente.
Entré sin disparos y sin alarmas, y esa ausencia de reacción fue lo primero que me confirmó que había elegido bien el objetivo. Los lugares verdaderamente importantes no se protegen con ruido ni con fuerza visible, sino con confianza, con la convicción arrogante de que nadie debería atreverse a cruzar ciertos umbrales. El laboratorio me recibió con pasillos blancos interminables, superficies pulidas hasta borrar cualquier rastr