La noche ya no se sentía como un escenario estable, sino como una superficie en la que algo invisible estaba comenzando a deformarse desde dentro, no de forma abrupta ni evidente, sino con esa lentitud engañosa que precede a los cambios irreversibles, y mientras avanzaba solo por uno de los senderos laterales del campus, percibía cómo el aire mismo parecía haber perdido una única dirección, como si el entorno ya no respondiera a una sola lógica de equilibrio, sino a dos fuerzas simultáneas que