El eco de mi propio recuerdo todavía vibraba en mis venas cuando la voz de Ethan surgió, fría, calculadora, como un filo cortando a través de la niebla de mi mente. No lo vi entrar; su presencia se insinuó en la habitación, en el aire, en cada sombra que parecía moverse con intención propia. Siempre había tenido esa habilidad: aparecer sin ser visto, imponer su voluntad antes de que su cuerpo siquiera se hiciera tangible.
—Interesante, Zoe —dijo, dejando que la palabra flotara entre nosotros, p