ZOE
El laboratorio móvil estaba en silencio, salvo por el zumbido constante de los sistemas que mantenían las cápsulas y monitores activos. Me senté frente a la proyección del archivo, con las manos temblorosas, la respiración contenida. Sabía que cada segundo me acercaba a algo que no podría deshacer. Pero necesitaba verlo. Necesitaba entender lo que había sido desde el primer momento.
Activé la segunda capa del archivo. Una luz fría llenó la sala, proyectando imágenes y sonidos que no pertene