El silencio dentro de la mansión era pesado, casi tangible, como si las paredes mismas contuvieran la respiración de secretos demasiado antiguos para ser pronunciados. Cada paso de Zoe resonaba en los pasillos vacíos, un eco que parecía recordarle a cada instante lo que ya no podía ignorar: el poder que había dentro de ella. No era solo memoria, ni resiliencia, ni simples instintos de supervivencia. Era algo más profundo, más visceral, algo que Ethan había escondido con extremo cuidado, calculando el momento exacto para permitir que emergiera.
La llave estaba frente a ella. Literal y simbólicamente. Una pequeña pieza de metal, delicadamente grabada con símbolos complejos que hablaban de un lenguaje que Zoe apenas comenzaba a comprender. Había encontrado aquel artefacto días atrás, perdido entre capas de informes de laboratorio y protocolos de implantes en los archivos antiguos de Sellarés, como si alguien lo hubiera dejado allí a propósito, esperando que ella llegara a él. Durante sem