Roma nunca había parecido tan vulnerable.
Zoe lo supo antes de ver los titulares, antes de que los sistemas de noticias emitieran la primera alerta que confirmara lo que su instinto ya le decía. El implante reaccionó con un pulso débil, un aviso apenas perceptible que recorrió su cráneo hasta el centro del pecho: actividad anómala en la ciudad. No fue miedo lo que la atravesó, sino una anticipación tensa, el reconocimiento de que algo se estaba moviendo bajo la superficie, algo que podía cambia