DANTE
El fuego aún ardía en la chimenea, aunque ya no con la violencia que había tenido cuando la tomé como si el mundo se fuera a acabar. Las brasas se consumían lento, respirando en rojo, mientras la cabaña quedaba sumida en ese silencio espeso que solo aparece después de la tormenta… y del pecado.
Zoe dormía enredada en las sábanas, desnuda hasta la cintura, con el pelo pegado a la mejilla. Sus labios estaban entreabiertos, como si incluso en sueños estuviera a punto de decirme algo que siem