VERONA
La lámpara del salón parpadeaba como si la casa misma estuviera conteniendo la respiración. Afuera, la noche caía sobre los Alpes con un manto denso, casi líquido, que parecía querer penetrar las ventanas y hundirlo todo en sombras. La madera de la cabaña crujía bajo la presión del viento, y el fuego en la chimenea chisporroteaba con un ritmo irregular, como si quisiera avisarnos de algo que aún no sabíamos.
Yo permanecía inclinada sobre la mesa, con el mapa extendido frente a mí. Mis de