Mundo de ficçãoIniciar sessãoZOE
La cabaña no era grande, pero lo suficiente para hacernos sentir aislados del mundo. Estaba construida en piedra gris y madera ennegrecida por los inviernos. El techo crujía con cada ráfaga de viento, y a lo lejos, entre la niebla, se dibujaban las siluetas eternas de los Alpes. Aquí no había cámaras. No había aliados. Solo nosotros dos. Y el silencio.







