75. Mi completa ruina
Stefanos
El ruido de la sirena aún resonaba en mi cabeza, incluso después de que se hubieran llevado a Nuria lejos de la mansión. Su imagen, inmóvil, la piel casi translúcida, se negaba a abandonar mi mente.
Y yo, parado allí, sin saber cómo reaccionar por primera vez en mi vida.
Mi garganta se apretó. No era miedo. No podía ser miedo, no de un Alfa como yo.
Era furia.
Movido por la rabia que burbujeaba dentro de mi pecho, agarré el brazo del médico cuando intentó pasar apresurado por mi lado.